Vea Cencosud intensifica su reestructuración en Argentina y crece la preocupación social
La reciente decisión de cerrar una nueva sucursal del supermercado Vea en Guaymallén, Mendoza, ha reavivado el debate sobre la situación laboral y la estrategia empresarial de Cencosud en Argentina. Este cierre, que se suma al de otra tienda en San Juan semanas atrás, eleva a cinco el número de locales que han dejado de operar en el país durante el último año. El proceso forma parte de un plan de reordenamiento que la compañía viene implementando para enfrentar los desafíos del consumo interno y la caída del poder adquisitivo de los hogares argentinos.
La sucursal afectada, ubicada sobre el carril Godoy Cruz al 1105, dejó de funcionar de manera repentina, generando desconcierto entre los trabajadores y clientes habituales. Según representantes gremiales, los empleados fueron notificados con escasa antelación y sin instancias de negociación previas. El Centro de Empleados de Comercio (CEC) de Mendoza calificó la medida como “abrupta” e “inconsulta”, solicitando la intervención de la Subsecretaría de Trabajo provincial para asegurar la continuidad laboral o, en su defecto, el cumplimiento de las indemnizaciones previstas por ley.
Más allá del cierre puntual, lo que preocupa es la falta de previsibilidad. La organización sindical advirtió que la empresa no presentó un plan concreto de reubicación de personal ni comunicó oficialmente si existirán más cierres en el corto plazo. “Buscamos preservar los puestos de trabajo y evitar que esta situación se extienda a otras tiendas de la provincia”, señalaron los representantes del gremio, reflejando la incertidumbre que crece en el sector.
El caso de Mendoza no es aislado. En los últimos meses, Cencosud ha reducido su presencia en distintas provincias argentinas, cerrando sucursales en San Juan, Catamarca y el conurbano bonaerense, particularmente en San Martín, Moreno y Castelar. Estas decisiones parecen responder a una política de optimización de costos y revisión de operaciones, en un contexto económico complejo marcado por la inflación persistente, la contracción del consumo y el aumento de los gastos operativos.
De acuerdo con especialistas en el mercado minorista, el grupo chileno estaría ajustando su red de locales para priorizar las unidades con mayor rentabilidad o ubicación estratégica. Sin embargo, esta estrategia no está exenta de costos sociales: cada cierre implica la pérdida de empleos directos e indirectos, además de la desaparición de puntos de abastecimiento esenciales en comunidades donde la oferta comercial es limitada.
El impacto no solo se mide en términos económicos, sino también sociales. En ciudades de tamaño medio o barrios periféricos, un supermercado no solo cumple una función de venta, sino también de dinamizador del entorno. Al desaparecer, afecta a los pequeños proveedores locales, al transporte público, e incluso a la percepción de seguridad de la zona. Por ello, los sindicatos y autoridades locales insisten en la necesidad de un diálogo más transparente entre la empresa y los trabajadores.
Cencosud, uno de los principales grupos de retail de América del Sur, atraviesa un proceso de reestructuración más amplio que abarca sus operaciones en varios países. En Chile, su mercado de origen, la compañía despidió recientemente a cerca de 1.000 empleados, afectando a marcas de su portafolio como Jumbo, Santa Isabel, Easy y Paris. Estas medidas responden a un entorno regional desafiante, caracterizado por la desaceleración del consumo y los cambios en los hábitos de compra de los consumidores, cada vez más inclinados hacia el comercio electrónico.
La digitalización del sector minorista ha obligado a grandes cadenas a repensar sus estrategias. En el caso de Cencosud, el grupo ha invertido en plataformas online y servicios de última milla, buscando equilibrar sus operaciones físicas con la expansión digital. Sin embargo, este viraje también ha llevado a reducir estructuras tradicionales, cerrando locales que ya no resultan rentables o estratégicos. Este fenómeno no es exclusivo de Argentina: se repite en todo el continente, donde los supermercados intentan adaptarse a una nueva realidad de consumo más fragmentada y competitiva.
A pesar de los cierres, Cencosud mantiene una presencia significativa en el país: cuenta con 279 supermercados, 28 mayoristas, 60 tiendas de mejoramiento del hogar y 22 centros comerciales. Su marca Vea, enfocada en un segmento popular y de precios accesibles, continúa siendo una de las más reconocidas por los consumidores argentinos. No obstante, la incertidumbre en torno a su plan de ajuste genera preocupación tanto en los trabajadores como en las comunidades que dependen de sus operaciones.
En el plano laboral, los cierres recientes han encendido las alarmas de los sindicatos, que advierten sobre una posible ola de despidos en el sector. La inflación elevada, la caída del consumo y el encarecimiento de los costos fijos han llevado a muchas cadenas a replantear su presencia territorial. Los supermercados medianos y grandes enfrentan un dilema: mantener locales con rentabilidad reducida o cerrar para concentrarse en zonas de mayor flujo económico.
Los economistas señalan que este tipo de reestructuraciones suelen ser inevitables en contextos de crisis prolongadas. Sin embargo, cuando no van acompañadas de políticas de reconversión laboral o de apoyo a los trabajadores desplazados, el impacto social puede ser severo. En provincias como Mendoza o San Juan, donde el empleo privado formal es escaso, la pérdida de 10 o 20 puestos de trabajo por tienda representa un golpe importante al tejido productivo local.
Además, los cierres también afectan a proveedores regionales, transportistas y servicios asociados, que ven reducida su actividad. En ese sentido, los gobiernos provinciales intentan mediar para evitar que la situación se agrave, promoviendo mesas de diálogo entre empresas, sindicatos y autoridades laborales.
Una señal del cambio estructural del comercio argentino
La situación de Cencosud y su marca Vea puede interpretarse como un reflejo de un cambio más profundo en el comercio argentino. Las cadenas tradicionales enfrentan un consumidor más prudente, que prioriza las compras de cercanía, las promociones y el ahorro. A su vez, los canales digitales ganan terreno, obligando a los supermercados a rediseñar su modelo operativo.
En este contexto, los cierres recientes podrían verse no solo como un signo de crisis, sino también como un intento de adaptarse a nuevas condiciones del mercado. No obstante, el desafío para la compañía será mantener su reputación y su vínculo con las comunidades donde históricamente ha tenido presencia.
Mientras tanto, los empleados esperan definiciones claras sobre su futuro. En Mendoza, los 14 trabajadores del local cerrado aguardan una resolución por parte de la empresa y las autoridades provinciales. La principal preocupación es que este sea solo el inicio de una serie de ajustes más amplios, en un escenario donde el empleo estable se vuelve cada vez más escaso.
La incertidumbre persiste. Las decisiones corporativas, necesarias desde la perspectiva financiera, chocan con la realidad social de un país que atraviesa un delicado equilibrio entre la búsqueda de eficiencia empresarial y la necesidad de proteger el trabajo y la economía local. El desafío de Cencosud será encontrar un punto intermedio que le permita sostener su operación en Argentina sin perder el compromiso con las comunidades que la han acompañado durante décadas.
